Philip Dendras ha sido nominado al Oscar. La noticia se dio a conocer esta mañana durante la conferencia de prensa de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. Es la primera vez que es nominado después de una larga trayectoria de veinte largometrajes considerados obras maestras y una cincuentena de guiones que van del bodrio a la genialidad.
A las seis y media de la mañana, Philip Dendras, cineasta griego de 65 años, se preparaba la décima taza de café del día. Estaba despierto desde la una de la mañana tratando de terminar un artículo para una revista especializada y había aprovechado la falta de inspiración para revisar una vez más su colección de películas. La mayoría eran westerns y la mayoría de estos westerns llevaban la firma de John Ford, su director favorito. Él nunca ha dirigido un western y nunca ha dejado que la admiración por el trabajo de Ford influya en su estilo de realización. Para eso prefiere a Orson Welles o a Buster Keaton, a quienes también admira y de los cuales solo tiene unas tres películas de cada uno.
Comenzó a eso de dos y media con La diligencia, de Ford y con los demás títulos emblemáticos. No vio las películas completas, solo seleccionó las escenas que más le gustaban. Así hasta las seis y media y la décima taza de café cuando estaba buscando el final de Seven chances, de Buster Keaton. Mientras tanto trataba de reflexionar sobre la influencia del expresionismo en el nuevo cine asiático o alguno de los otros dos temas comodines que tiene para escribir su artículo.
Deja la taza vacía en la cocina y se echa en su cama hasta que den las siete. El artículo puede esperar todavía hasta mañana- piensa. Entonces toma conciencia de su actitud. Este momento le recuerda una película húngara que vio hace mucho tiempo donde uno de los personajes, aburrido de la rutina decide encerrarse en su habitación hasta que ocurra una revolución que cambie la sociedad.
Son siete y media de la mañana. Han pasado otras dos tazas de café y la luz del sol anima a Philip Dendras a prender el televisor. Entre otras noticias se entera que ha sido nominado al Oscar como mejor director. No asimila la idea hasta que ve una fotografía suya en uno de los monitores. Trata de recordar el título de la película por el que ha sido nominado (la actriz británica que lo nombró tiene una pésima pronunciación así que esto es necesario) pero falla en el intento. Espera hasta escuchar los nominados a mejor película y apaga el televisor. Termina lo que será su última taza de café, regresa a la computadora para comenzar a escribir su artículo y terminarlo antes de mediodía. Cita una escena de Nosferatu, recuerda una melodía que solo él conoce y se lamenta de no haber comenzado a escribir ayer por la noche.
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