jueves, 2 de agosto de 2012

Morenita

No, yo sólo sé sentir. Desconozco las explicaciones. La verdad es que, nuevamente me perdí.
Quiero explicar muchas cosas, me dice. Y yo sé que ya no lo logrará, porque el llanto es más fácil después de todo. Pero... ¿de verdad?, me pregunto.
Fotografía del Lienzo de Humberto de Jesús Viña García
Pero ella llora y llora. Sé que esto va a empeorar.
Si no coge un cuchillo, si no toma pastillas, si no, hay tantos "si no" que no puedo dejar de imaginar.
Quiero acercármele, quiero explicarle que esta batalla no tiene sentido, que es mejor sonreír, hacerse "la fresca", "la que de nada se tiene que preocupar", la que puede ser hoy yo, y nadie más.
Mas... es más fácil llorar.
Arrebatarse por un momento, buscar culpables, buscar víctimas y pedirle permiso a las últimas si se puede "colar". No hay espacio- le dicen. 
Entonces, buscar un juego, donde ella pueda ser el personaje principal, aunque muera de la vergüenza, aunque todos la miremos, critiquemos a ella, o aunque sin hacerlo ella sienta que todos le hacemos daño.
Y yo no quiero, les juro, de verdad, yo no quiero que se pelee. Yo quiero que sea feliz. Toda la vida. Una mañana gris. Un ratito... 20 segunditos... y que los recuerde. Que los recuerde, para siempre.
Sin embargo no me escucha, se ha tapado los oídos con esas manitas sucias, con esas manitas frías, con esos nudillos arrugados que los quita de su antigua posición para apretar sus ojitos cerrados. 
Luego calmada, la abrazo, sin saber por qué... yo no soy así, yo soy como ella, yo no sé abrazar.
Pero si ella se deja, yo lo seguiré haciendo, me gusta hacerlo. Quiero que duerma, quiero dormirme junto a ella, quiero ser ella, cuando se reconcilie conmigo.

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