sábado, 6 de octubre de 2012
06 de octubre. Desde temprano.
Hoy el día está pasando lento. El "Hoy día" es literal. Un pájaro color negro pasa el cielo. De manera lenta, me olvidé aclarar. La gente camina despacio. Como contando los pasos. Como revisando el camino. Como evitando caerse. O no volver hacerlo. Insisto, el día transcurre lento. Todos se toman la molestia de sonreír justificando su sonrisa o dando la opción al múltiple significado. Nadie se cansa. O es que se cansan por etapas -y eso para mí es maravilloso- hasta que lleguen al estado de la fatiga probablemente ya habrá anochecido. O quizás ya será un nuevo día. Me pregunto si alguien estará haciendo el amor mientras escribo, y también me pregunto si esta parsimonia influirá en él, y cómo. Quiero hacer el amor, para saberlo. ¿Cómo serían los orgasmos? Quizá sean como los pájaros color negro que acaban de cruzar el cielo: Uno detrás de otro. Esa dinámica repetida con una lenta frecuencia varias veces; en número lentos. Ahora deben estar comiendo en cámara lenta. ¿Quién será el editor del tiempo hoy? ¿El director de escena? ¿El de arte? ¿Quién? ¿Me daría un autógrafo? El tiempo está lento, desde ayer en la noche, lo noté. ¿Lo noté? ¿Sólo yo? O ¿alguien más? Me gustaría que me lo dijeran. Si es mucho roche, en secreto nomás. Pero que me lo expliquen lentamente.
lunes, 27 de agosto de 2012
De qué hablamos cuando hablamos
lunes, 20 de agosto de 2012
God only knows
jueves, 2 de agosto de 2012
Morenita
Quiero explicar muchas cosas, me dice. Y yo sé que ya no lo logrará, porque el llanto es más fácil después de todo. Pero... ¿de verdad?, me pregunto.
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| Fotografía del Lienzo de Humberto de Jesús Viña García |
Si no coge un cuchillo, si no toma pastillas, si no, hay tantos "si no" que no puedo dejar de imaginar.
Quiero acercármele, quiero explicarle que esta batalla no tiene sentido, que es mejor sonreír, hacerse "la fresca", "la que de nada se tiene que preocupar", la que puede ser hoy yo, y nadie más.
Mas... es más fácil llorar.
Arrebatarse por un momento, buscar culpables, buscar víctimas y pedirle permiso a las últimas si se puede "colar". No hay espacio- le dicen.
Entonces, buscar un juego, donde ella pueda ser el personaje principal, aunque muera de la vergüenza, aunque todos la miremos, critiquemos a ella, o aunque sin hacerlo ella sienta que todos le hacemos daño.
Y yo no quiero, les juro, de verdad, yo no quiero que se pelee. Yo quiero que sea feliz. Toda la vida. Una mañana gris. Un ratito... 20 segunditos... y que los recuerde. Que los recuerde, para siempre.
Sin embargo no me escucha, se ha tapado los oídos con esas manitas sucias, con esas manitas frías, con esos nudillos arrugados que los quita de su antigua posición para apretar sus ojitos cerrados.
Luego calmada, la abrazo, sin saber por qué... yo no soy así, yo soy como ella, yo no sé abrazar.
Pero si ella se deja, yo lo seguiré haciendo, me gusta hacerlo. Quiero que duerma, quiero dormirme junto a ella, quiero ser ella, cuando se reconcilie conmigo.
miércoles, 18 de julio de 2012
Para la mujer aquella
miércoles, 2 de mayo de 2012
DESNUDA
sábado, 7 de abril de 2012
Isadora

Estoy enamorado de Isadora.
No. Ninguna de las dos.
No importa cuanto me esfuerce no sé como expresar lo que siento por ella.
Esto también se escucha ridículo. Definitivamente no hay forma.
La conozco desde hace más de diez años. Éramos niños en ese entonces. Pero no éramos vecinos, ni compañeros de colegio ni el amigo de un amigo de un primo del bodeguero. No. Nosotros éramos distintos. Isadora y yo nos conocimos en un desfile. Yo aún estaba en inicial, claro en inicial… Salimos todos los niños a desfilar por fiestas patrias, íbamos disfrazados de los héroes de la independencia. Según un acuerdo no firmado entre mi mamá y la señorita Martha, mi profesora, yo estaba disfrazado de Bernardo Alcedo aunque el trajecito azul, la corbatita roja y los zapatos de charol ni siquiera a mí a los tres años y medio me daban una referencia lejana de ese tal Alcedo.
Mis compañeros tampoco daban la apariencia de algún personaje de aquellos y, por el contrario, el esfuerzo de sus mamás porque fuera así funcionaba a la inversa. Los bigotes y las barbas postizas, los lazos, el colorete en las mejillas, las espadas de cartón, las botas de esponja, entre tantas otras cosas daban una apariencia ridícula al grupo de personitas amontonadas en una esquina del parque principal esperando su turno para pasar delante de tanta gente que aplaudiría sin mayor remedio. Más que héroes independentistas parecíamos una delegación de pitufos en un carnaval, pero eso ahora no importa. Los recuerdos de los primeros cuatro años de vida desaparecen con facilidad a menos que se constituyan en traumas, aficiones o, como es mi caso, en amores de larga duración. (Ni siquiera espontáneamente deja de escucharse ridículo). Todo lo demás es desechado y si acaso sobreviven es únicamente por las fotografías con bordes blancos en papel brillante ahora amarillento.
Recuerdo ese día como una maravillosa mañana soleada. Me ardían los pies por llevar tanto tiempo en el mismo lugar. Además estaba muy aburrido. Nunca hable mucho con los otros niños o sea que en situaciones como esa me encontraba solo. Mi mamá acosándome con un termo en la mano no contaba, tampoco la señorita Martha ni aquella auxiliar de ojos horribles y piernas extrañas. No, en esos momentos hace falta alguien que sepa como te sientes, que tenga tantas ganas de joder a los demás como tú o al menos alguien de tu misma estatura física.
Comenzamos a desfilar cerca de las once. Era un crimen que niños de inicial desfilaran entre dos bandas de músicos y diez caballos con policías incorporados. La gente en las calles daba igual. Aplaudirían cualquier cosa que pasara delante suyo, como ocurrió con nosotros. Era tan indignante, hasta ese momento.
Recién cuando terminamos de hacer el recorrido por el parque me di cuenta de que no éramos el único colegio inicial en el desfile. Después de nosotros pasaron otros dos colegios con niños disfrazados quien sabe de qué pero tan ridículos como nosotros. Eso me satisfizo por un momento. Tenía tantas ganas de burlarme de ellos con todo lo conchudo que se pudiera ver. Es cierto que ahora me parece desagradable que se trate como idiotas a los niños, pero en ese momento solo quería reírme un poco. Para joder de cerca necesitaba de más personas y no contaba con ellas así que a una cuadra de distancia comparaba sus disfraces con los nuestros y me burlaba de ellos. La botas, las espaditas, las barbas con elástico, el betún en las patillas, todo era tan gracioso, tan burdo, tan idéntico… era como burlarse de uno mismo. Fue precisamente mientras buscaba los otros disfraces de Bernardo Alcedo – si es que los había – que vi por primera vez a Isadora.
Desde la primera vez que la vi sentí algo muy intenso hacia ella. En ese momento fue rabia. Como era posible que esa niña, esa en especial, no estuviese disfrazado como todos los demás. No podía tolerar que mientras nosotros (en realidad, me refiero solamente a mí) soportábamos el calor, el hambre y las miradas enfermizas de la gente más alta, ella pudiese ir y venir por la calle a su gusto usando esas zapatillas blancas de Hush Puppies, esos horribles pantalones con un animalito amarillo en los costados, ese polo de color raro y unos lazos cojudamente enormes. Solo verla era insoportable. Sencillamente era injusto. No había excusa para que se librara del martirio colectivo. No podía entenderlo, pero luego pude. Me di cuenta que estaba cerca de su mamá y que se la pasaba revoloteando alrededor de ella y que hablaba con los niños de uno de los otros colegios. ¿Qué pasaba? Acaso nadie la obligó a estar en el desfile ese día. Eso me enfurecía más. Pero decidí no dejarme llevar por ella. Seguramente - pensaba yo, en ese entonces – era una de esas personas que solo están cerca de ti para arruinarte la vida aunque sea por un instante. Sería mejor tratarla como a los otros niños. Claro, aunque no llevara disfraz podía tomarla de punto. Era un poco más alta que los otros niños y su cuello demasiado largo, sus ojos, por el contrario, eran muy pequeños, tenía una nariz extraña, su cabello y su cabeza en general parecía una mezcla de muchas cosas coronadas con esos lazos tan enormes y tan idiotas.
Mientras hablaba con sus compañeros, noté que llevaba una pelota naranja entre las manos, la sostenía con cierta gracia. En fin, tal vez era el aburrimiento o tal vez es que trataba de llamar la atención de un niño. Obviamente él no le prestaba mayor atención. También que el pobre ya tenía demasiado de qué preocuparse con sus anteojos aterradores y el peluquín que llevaba mal puesto por lo tanto los jueguitos de Isadora le importaban lo más mínimo. Así que Isadora se decidió y prefirió la pelota en lugar del niño.
Después de un rato su mamá la agarró de la mano y la separó de sus amigas. Más a favor para la pelota que no dejaba de subir y bajar estando en manos de Isadora. De repente la pelota bajó demasiado, hizo una finta, rodó hasta caer de la vereda, cruzó la calle y terminó en el otro extremo, cerca de mí, a mis pies. Por un momento no supe qué hacer. Apenas si miré la pelota un segundo, dudando en levantarla, y cuando miré de nuevo hacia el frente vi a Isadora corriendo, acercarse haciendo el mismo recorrido que la pelota para igual que aquella terminar a mis pies. Isadora recogió la pelota con calma, la limpió con un soplido, levantó la mirada, me vio un tanto extrañada y entonces hizo algo que jamás le perdonaré: sonrió.
jueves, 2 de febrero de 2012
Ver: Notas
¿De qué color es un recuerdo?
Cuando eres niño el tiempo es volátil. Un día parece durar un año y un año parece durar un día. Todo es irreal, incluso cuando se sufre.
Dos líneas narrativas. Divergentes. Posición comparativa.
Lo formal, establecido, soportado en la seguridad del volumen adecuado del color. Lo incierto, aparentemente repentino, semiformal caracterizado por el color difuminado.
Importancia de la actitud ante el espacio.
Construcción a partir de la ausencia.
¿De qué color es un recuerdo?
Doble forma. Doble contenido, doble todo. Dualidad eterna. No, constante. No, continua. Dualidad y nada más.
La construcción de espacios. Lo imaginario sobre lo preexistente. Impostura. Montura. Montaje. Paso a paso, cuadro por cuadro, pixel por pixel…
¿De qué color es un recuerdo?
Cada elemento por sí solo es prescindible. La unión de los elementos los hace necesarios. Conjugación, equilibrio, armonía, sinergia.
Sobre una cuerda caminan dos personas. Una sigue a la otra. Una da seguridad. La otra, compañía.
En la esquina pasa el tiempo y en la esquina se detiene. Me veo en ella y pienso quedarme allí. El tiempo vuela sin saber a dónde va. Acaso va hacia la esquina, pero no. No hay esquinas en el mar.
Forma. Fuerza. Figura. Antesala del todo. Línea. Punto. Segmento. Nexo. Angulación. Arriba. Izquierda. Cúbico. Trapezoidal. Las luces brillan y entre ellas la forma se hace forma y la luz desaparece, huye, evade. Plástico. Cartón. Camino. Lámina.
¿De qué color es un recuerdo?





